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Mujeres antequeranasSin categoría

Cristobalina Fernández de Alarcón

By 28 de julio de 2021agosto 4th, 2021No Comments

Poetisa antequerana del siglo de Oro

La fama de Cristobalina Fernández supera los límites de su ciudad. Ha sabido difundir con crecer el nombre de Antequera desde los tiempos pasados, hasta la actualidad. Por todo ello, los y las escolares de Las Carmelitas, junto con los de Nuestra Señora del Carmen y Nuestra Señora de la Victoria, además del Instituto de Pintor Jose María han decidido homenajearla con una de las placas ubicadas en el Parque de la Victoria.

Cristobalina Fernández de Alarcón nació sobre 1576 en Antequera. Hija natural, pero reconocida, del escribano Gonzalo Fernández Perdigó. De familia pudiente, fue su tía Beatriz de Rivera la encargada dispensar una excelente educación gramatical y latina. De este modo, pasó a formar parte del colectivo femenino de humanistas que Quevedo denomino “Hembristas”. Algunas de sus compañeras fueron Luisa SigeaFrancisca de Nebrija o Beatriz Galindo. De entre todas, Cristobalina fue la más importante. 

La vida de Cristobalina adquirió otra categoría en el momento en el que contrajo matrimonio. El 10 de febrero de 1591 se casó con el comerciante malagueño Agustín de los Ríos en Santa María, del que enviudó año más tarde sin descendencia. Al cabo de los años contrajo sus segundas nupcias con el estudiante portugués Juan Francisco Correa, con él que tuvo a sus cuatro hijos. Tras enviudar éste, volvió a Antequera de la mano de una de sus hijas. También, según las habladurías,  sostuvo una relación con el poeta de la Escuela antequerano-granadina Pedro de Espinosa. La relación fue toda una fuente de inspiración para los dos artistas, cada uno dentro de su ámbito. 

La poetisa es autora de una gran cantidad de obras, de las que la mayoría nunca vieron la luz. Alcanzó un gran reconocimiento dentro del mundo de la poesía española. En la actualidad, solo se conservan quince obras, a las que podemos acceder en el Archivo histórico municipal de Antequera. 

Cristobalina supo muy bien captar la atención del público. De la mano de sus piezas poéticas, como Musa Antequerana, alcanzó una gran fama por su enfoque dual y religioso, pero a su vez profano. Ganó numerosos premios en justas y certámenes poéticos, lo que le valió las criticas de grandes como Quevedo o Góngora. Cuando Lope de Vega llegó a Antequera y la visitó, la alabó como la «musa antequerana» o la «sibila de Antequera». No debemos obviar su poema más famoso, el que escribió para celebrar la beatificación de Santa Teresa de Jesús, premiada en unas justas poéticas en Córdoba en 1616.

A los 70 años, su vida se apagó. Falleció el 16 de septiembre de 1646. La ciudad de Antequera decidió preservar su grandeza hasta la eternidad. Así, el cuerpo sepultado de la poetisa se encuentra en la parroquia de San Sebastián de Antequera. 

La vida de la poetisa Cristobalina Fernández de Alarcón nos muestra un modelo de mujer valiente, inteligente y con mucho talento. El mundo de las letras siempre ha sido especialmente difícil, y más si cabe para una mujer del siglo XVI. El talento demostrado por la poetisa es sobresaliente. 

 

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